sábado, 26 de marzo de 2011

Cera

 

Sierra de Quesada (izda. y dcha.) Oleo y cera sobre papel. 32x49. (ambos) 1990.

En otra ocasión he contado como al principio los fondos los llenaba con oleo muy diluido, líquido. Esto no era por ninguna técnica ni cosa de esas sino por gastar poco. En un momento dado esos fondos los llené con cera. Manchaba el papel con barras de cera, unas veces con la punta otras con la barra plana. Luego con el pincel y aguarrás  diluía directamente sobre la cartulina creando fondos, texturas y alguna forma. Tenía un aspecto parecido al pastel que me gustaba mucho, etéreo y suave. Luego, como antes, terminaba los detalles y los perfiles con óleo ya sin diluir, mas costeaico.

No recuerdo porqué se me ocurrió hacer esto aunque el cuando fue a finales de los años ochenta. Siempre cuento que a pesar de ser de letras, en COU estudié biología y que allí aprendí que las ceras son parientes de las grasas y de ahí deduje que los pigmentos de las pinturas a la cera y al óleo serían compatibles. No se si esto fue así o es una explicación posteriormente inventada. Pero bueno, los mentirosos terminamos creyéndonos nuestras propias mentiras.

El ejemplo que traigo no es el primero que hice pero resulta explicativo. Son dos vistas paralelas de la sierra de Quesada desde la torreta de la casa de mis abuelos. Las feché 86-90 porque me basé en un par de dibujos de lápiz que garabatee en un par de folios y de los que posteriormente hice esta versión. Versión que situé en otoño, con los chopos salpicando de oro el paisaje. Y con muy pocos detalles, para que sólo quedara la idea del paisaje. Mejor dicho, el recuerdo ideal del paisaje.

Este invierno he vuelto a versionar el mismo recuerdo. Por pura nostalgia y por pura añoranza de la juventud, porque ya no existe ni la torreta ni las chimeneas ni casi tejados creo y el paisaje se ha saturado de cortijos, cortijillos, piscialbercas y otras construcciones.

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