jueves, 24 de marzo de 2011

El Talgo de Granada en Chamartín


El Talgo de Granada en Chamartín. 2002. Oleo sobre lienzo. 55x46

Desde el 2000 al 2006 pasábamos más o menos un fin de semana en Madrid y otro en Granada. La vuelta el domingo por la tarde en autobús era un coñazo. Sobre todo para mí que como es norma me meaba continuamente y tenía que aguantarme y esperar a la parada en  Almuradiel. Algunas veces llegaba para reventar.  Por eso, de cuando en cuando me volvía en el tren. Aunque tardaba seis horas y media tenía dos ventajas: la fila de asientos individuales permitía ir en ventanilla sin el agobio de que alguien fuera a tu lado, se durmiera y lo aplastara a uno. La segunda ventaja era que tenía servicio y podía mear cuanto y cuando quisiera. Aprovechaba además el viaje para leer (en el tren leí por ej. la biografía de Chavela Vargas) y cuando al cabo de las horas el culo ya dolía, me levantaba a echar una cerveza (o dos) en la cafetería y de  tapa una lata individual de aceitunas rellenas. Hasta que Continental puso el autobús VIP con servicio, con catering y sin paradas (sólo cinco horas menos cuarto) el tren fue la mejor combinación. La más cómoda.

Dada mi concepción germánica (sin germanofilia) de la puntualidad, llegaba a la estación media hora antes que aprovechaba fumando ducados sin parar y paseando, el andén arriba, el andén abajo, para compensar la inmediata sentada de horas.

Por aquel entonces empezaba yo a utilizar el pc para hacer dibujos, bocetos y así. Utilizaba Paint y el ratón, que con el pulso que tengo no es cosa de poco mérito. Conservo algunos borradores probando colores, fondos, etc.






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