martes, 16 de agosto de 2011

Los dedos del amanecer en Puerto Ausín


Dedos del amanecer en Puerto Ausín. Photoshop. 65x50.2011



Los dedos del amanecer tocan los muros del cortijo de El Puerto. Son muros de tapial, desconchados, manchados por el agua y la sequía. Muros negros de verdín seco, con cincuenta revocos que la humedad y el sol han rajado. Muros cien veces blanqueados y hoy, tristes, viejos y perdidos,  apenas salpicados por restos de cal.

Los dedos del amanecer recién nacido saltan la vertiente por Puerto Ausín y se derraman como una avenida de agua incontrolada. Ruedan las olivas abajo, se atropellan y chocan con las lindes, con los pinchos, con las cañas de las hierbas secas. Corren y alborotan bajando  por los barrancos  hasta dar en Guadiana Menor.  Saltan a la otra orilla y en las cuestas de enfrente salpican espartizales, pinares, olivares y campos yermos hasta romper contra las piedras mas altas de Sierra Mágina.  Y como las olas, golpean y retroceden.

La noche se va por Mágina



En los veranos de Lacra, cuando el calor dificulta otras excursiones, suelo subir hasta Puerto Ausín para hacer piernas y no perder la costumbre de andar. Tiene cosas buenas este paseo y no es la menor que por el carril no pasan coches nunca o casi nunca y los perros pueden ir sueltos disfrutando a su aire.

Hay que salir con la fresca, cuando apenas hay luz, antes de que el sol haga impracticables los caminos. Por suerte, la pendiente va a contrapelo del sol naciente y los rayos pasan por encima de las cabezas creando una cueva de sombra que aguantará el fresco todavía unos minutos.


Conforme aumenta la claridad el paisaje se esconde detrás de la calima. Desaparecen primero el Mulhacén y toda su corte, luego Ubeda y la Loma. Para bastante antes del mediodía apenas se distinguirá el esquema borroso de  Sierra Mágina y los campos que bajan hasta Guadiana.

La cueva de sombra al subir

Abajo, el Guadiana Menor y Collejares













El sol arrastrándose por el suelo
El sol derramándose por los
olivares











Cuando la luz violenta y blanca de los días del verano ha borrando todo horizonte, se pierden los planos  largos y medios que en esta época solo son visibles en el alba y al atardecer. Visibles, pero  no como paisajes naturales sino como decorados artificiosos pintados en colores excesivos e irreales.


La subida hasta Puerto Ausín es más o menos de unos cuatro kilómetros y de unos cuatrocientos metros de desnivel: una hora. Al pasar por el cortijo de El Puerto nos alcanzan los primeros rayos del sol que avanzan sigilosos a ras de suelo. Oculto tras la calima queda el gran escenario del Guadiana Menor y su mundo, sólo queda recrearse en los primeros planos, tan pequeños, tan poco valorados:  el aroma de la tierra deshidratada  que se prepara para un nuevo infierno de calor,  los almendros que, tras cumplir con sus obligaciones productivas, empiezan a perder las hojas  o las propias almendras que, ya en su sazón, empiezan a desprenderse de la piel de melocotón juvenil y verde de cundo fueron allozas… Nada mas que planos cortos: las uvas tintas en la parra, los cardos y los pinchos dorados,  las hierbas amarillas y también, claro está,  las estudiadas formas y los trabajados colores que pueden encontrarse en las paredes del cortijo cuando se las enfoca en modo macro. 


La vuelta entre almendros y olivas
Las paredes en sombre del cortijo de
El Puerto











La imagen de hoy es el dibujo de una fotografía figurada en la que  los dedos del amanecer rebotan contra los muros desconchados y deslumbran el objetivo de la supuesta cámara. He  tenido que pintarlo con algo de imaginación y embuste porque, como bien se ve en la foto adjunta, las paredes en cuestión se orientan al ocaso y a estas horas de la mañana el sol ni les roza la piel. Por eso he tenido que pintar el momento, porque con el cristal de la lente malamente hubiera podido conseguir un reflejo de sol. ¿Es irreal el resultado? Puede, porque no deja de ser un invento. Pero los inventos, sin embargo, una vez paridos ya existen y son tan reales como cualquier otra cosa existente, real o imaginaria.


Para cuando el sol empiece a calentar, ya estaremos bajando los perrillos y yo. Hace un par de horas veíamos como los dedos del amanecer expulsaban a la noche detrás de las crestas de Mágina. Ahora están resucitando a las chicharras y espantando a las sombras. Si fuera invierno los dedos del amanecer arañarían la escarcha. Pero hoy no, hoy ya hace demasiado calor y el sol brilla con fuerza en las trampas de tela de no se que bicho que vive en la madreselva. Imposible el hielo.

El sol en la madreselva


1 comentario:

  1. Descripción que resulta homerística en su detalle del amanecer previo a la batalla, en tu caso suena a descripción del alba que anuncia sosiego. ¡Cómo disfrutamos de tus existencias inventadas!.

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