domingo, 6 de noviembre de 2011

Cosas de cuando Madrid



                      Gran Vía. Excel-Paint. 65x50. 2001

He cambiado a carpetas más visibles de la memoria algunas cosas que hice a principios de los años dosmiles y aquí las pongo.


La primera de ellas es de los inicios de mis experimentos digitales, cuando empezaba a manejar Excel para las líneas y Paint para los colores. En aquel momento le presté poca atención a lo que me parecía nada más que pruebas o borradores. Con el tiempo le fui tomando gusto y algo de ciencia a usar el ratón y ahora es la parte gorda de las cosas que hago. El dibujo es una vista de la Gran Vía desde Callao, desde la esquina donde estaba la cafetería Manila. Bueno, más que de la calle es de la Telefónica y más precisamente del reloj que hay debajo de la torre repleta (que estaba) de antenas que remata el edificio: el reloj iluminado de rojo con una cara a cada uno de los lados, la suciedad del aire provoca que los atardeceres despejados de invierno el cielo hacia levante tome un color rosado uniforme, paradojas urbanas.

Nevazo en Pza de Castilla

La Telefónica fue bandera republicana en el frente del Manzanares y por eso padeció bombardeos despiadados. Hoy sigue resistiendo y por las noches su reloj rojo de cuatro caras encabeza la defensa. No hay cañoneo pero sigue habiendo frente.



                            Nudo Supersur. Óleo sobre lienzo. 60x45.2001

El segundo dibujo es una vista más o menos imaginaria de Madrid desde el nudo Supersur. Así se llamaba antes, no se ahora si mantiene el nombre. 

Su historia:


Después de muchos años estando bien en Granada y cuando daba por sentado que Madrid sólo volvería a existir en forma de fin de semana, de andén de tren o enlace de aeropuerto, volví a tener allí zapatillas y cepillo de dientes. Más o menos cada dos fines de semana cogía el autobús, el de las 4 de la tarde, que llegaba a la Estación Sur sobre las nueve menos cuarto. Según la época del año la llegada era en noche cerrada, anocheciendo o con sol.

Especulación vista desde la calle Vinca

Mi ventana del paseo de Extremadura
Donde la nueva (que tiene ya unos años) carretera de Andalucía se cruza con la M-40 aparecen, de pronto, las siluetas de los edificios más altos (entonces). Más o menos por allí pasa el AVE. Un poco más adelante a la izquierda se abre el hueco del Manzanares y se distingue (o lo he soñado) la Sierra y la cúpula de San Francisco el Grande.

No se ve todo esto a la vez, incluso hay cosas que están en la pintura y que son invisibles desde allí, como el luminoso de Iberia en la avenida de América. La idea fue pintar la sensación, en esquema, de estar entrando en Madrid y para eso recorté trozos de recuerdos de distintas horas, de varios lugares, de cosas sueltas. Recuerdos  mezclados en el lienzo a conveniencia. Una especie de Frankestein hecho de partes, espero  no sea tan feo este mío.


                       Plaza de Chueca. Óleo sobre lienzo.65x54. 2002


La tercera cosa que traigo son balcones de casas y entre los balcones una boca de metro.

Siempre he sido muy adelantadillo para algunas cosas y ya por entonces usaba fotos para plantear las composiciones. Las juntaba y las retorcía para luego pintarlas con Excel (se agrupan en un solo objeto todas las líneas que has hecho, se borran las fotos que han servido de guía y ya está el dibujo para llevarlo al lienzo). Esta imagen de balcones es de la plaza de Chueca mirando hacia Gravina. Un paisaje urbano vacío de gente como los de Antonio López, aunque en mi caso no a causa de alguna razón talentosa o intención simbólica sino simplemente porque no se dibujar y quitando el público me quito un problema. Por el contrario puedo presumir de que el plano del metro lo pinté de memoria o de oído y sin embargo se puede comprobar como los colores de las líneas son correctos y el trazado razonable.

Amanecer nevado

¿Que decir de este sitio? Pues que no hay tanto que decir pues para mí ha sido más bien un lugar de paso. Agradable, pero de paso. Y es que no es fácil encontrar mesa en las terrazas ni tampoco tiene bares a los que  fuera demasiado aficionado (con la excepción de los vermús de la taberna que hace esquina con la calle de San Gregorio). Es decir, una plaza agradable, de paso entre alguna calle de su alrededor y alguna otra en el otro alrededor del otro lado. Desde un bar hasta otro bar, bares de los que sí fui aficionado. No voy a decir marcas.

Cena en la terraza de Vinca

Se de sobra que hoy en mi entorno más inmediato y laboral hay muchos y muchas que por razones que no vienen al caso, ven en Madrid un demonio, una amenaza, lo temen y lo odian. Y no seré yo quién valore el valor que cada cual le da a sus propios problemas. Lo que para uno es chico para otro es grande. Los problemas de uno nunca son pequeños y siempre lo parecen aquellos del prójimo.


Pero es inevitable que estas incertidumbres y temores  me traigan el recuerdo de como hace casi treinta años para mi fue el viaje contrario,  de Madrid a Granada, de estudiar Paleografía a trabajar en una Caja de Ahorros. También lo viví como un terrible fin del mundo del que, entonces, me parecía imposible salir. No puedo dejar de ver ese pueblo como algo propio y cercano, el escenario de muchos y continuados recuerdos, de muchos días y años pasados. No es este lugar para demasiados detalles explicativos pero lo que para otros es lo negro y  lo desconocido para mi no lo es. ¿Volveré de nuevo? Quien sabe, yo ya no aseguro nada.


Gran Vía desde un móvil
Una aclaración sobre las fotos, que se que alguna es impresentable. Me refiero a la de la Gran Vía. Pero hay un porqué porque si un sábado al atardecer vas por Callao y ves la luna llena a la altura del reloj de la Telefónica y el cielo uniformemente rosado de fondo ¿que haces? Pues sacar lo que lleves a mano (el móvil) y hacer una foto (y todo el mundo recordará que fotos hacían los teléfonos en 2001) aunque solo sirva como apunte del natural. Y por cierto, se puede comprobar que el rosado uniforme únicamente aparece en la parte inferior del cielo, el resto tiene tonos azules. Pero las cosas no son como son. Son como se recuerdan.

Café XXX


La otra foto especialmente mala es la de un bar. Pero en este caso del vicio nace su virtud. Se ve tan poco, es tan esquemática que en lugar de la foto de un bar es la foto del alma de un bar. O mejor, del alma de mis bares favoritos. Me gustaba sentarme en una mesa junto a los ventanales y "ver pasar a la gente". Como antiguamente mis mayores en mi pueblo. Pero con una o varias cervezas.



Otoño. paseo del Prado.


1 comentario:

  1. Enhorabuena Vicente.
    Hay días en que no pasa nada, otros en cambio, los menos, se deberían recordar por acumular experiencias que rayan un poco en la parte sensible de las personas. Hoy para mi es uno de esos días. He tenido dos arañazos, uno de ellos en el cine (no te digo la pelicula dado que se de tu afición al cine) y el otro al leer tu texto y encontrarme una vez mas al Vicente creativo que tanto me gusta.

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