domingo, 6 de mayo de 2012

Las mañanas, la noches y el paso de los años.


Brillo del rocío en la hierba y chopo sin hojas en un contraluz de mañana de invierno. Óleo y acrílico sobre lienzo. 65x50. 2012



Hace años, muchos (tenía yo pelo entonces), en mi entorno las noches tenían un enorme prestigio. Todo buen, o mal, estudiante estudiaba de noche y el que sin necesidad se acostaba antes de las doce o era por algo o era por raro. Los días empezaban en la noche porque en la mañana empezaba el tiempo de descansar. En aquellas noches, las de verano especialmente interminables, había tiempo para casi todo. Todo o casi todo sucedía de noche, todo lo que podía tener algún interés. Como a casi todos a mi me gustaban las noches, aquellas noches de verano, noches calurosas y tranquilas, noches silenciosas con muy pocos ruidos entonces.

Sol de la mañana


Recuerdo que como todos mis parejos en edad, me reía de la gente mayor que llegaba al trabajo mucho antes de lo que debía solo por el gusto de leer el periódico y de no hablar con el compañero de al lado (por el gusto de que notara que no le hablaba simplemente por el gusto de no hacerlo).




Como sucede en todos los cuentos, pasaron los años y ahora cada día de cada año madrugo más, cada noche me acuesto antes. Y me gustan las mañanas. Antes prefería el atardecer y ahora el amanecer sereno y silencioso (como el de aquellas noches antiguas de verano), el amanecer de claridad creciente que a la par que disuelve las sombras  perfila las formas con colores saturados. El fresco de las mañanas del verano y el color radicalmente azul de las mañanas de invierno antes de salir el sol. Me gusta la luna cuando corre a esconderse por el oeste y la escarcha que brilla en la hierba al contraluz de los rayos rasantes del amanecer. Me gusta oír como se pone lentamente en movimiento la maquinaria del mundo.


Amanecer y burbuja













Me siento bien de madrugada, optimista y sereno en mayor grado que durante el resto de las horas. Llego al trabajo mucho antes de lo debido simplemente para sentarme  delante de la pantalla a ojear noticias.



Identificar el amanecer con el nacimiento del sol y con la vida,  hacerlo del anochecer con su muerte y con la muerte, es un lugar tan común que lleva haciéndose miles de años. Esta identificación tan antigua  es a la vez tan común no por ser  cosa poética ni malamente literaria sino, creo yo, que por ser biológica y ancestralmente animal, por influir en los biorritmos. A causa del sustrato físico-químico no resulta sorprendente que cuantos más años más alivio produzca el amanecer, pues  no es otra cosa que otro día más que tenemos por delante. Tiene toda la lógica que cuando se es joven, cuando la vida parece eterna, guste jugar con la noche (muerte), con el veneno de la serpiente y con el filo de la navaja: nada puede pasar cuando nunca se va a morir. Pero esta forma de ver las horas cambia conforme la vida poco a poco va dejando de ser eterna y la muerte poco a poco deja de ser una historia ajena y lejana. Con los años, el amanecer se vive con el alivio de una prórroga, cada mañana es un día más por delante y cada noche un día que ya pasó (y que hemos perdido).

Brillo de la hierba
Muy de mañana












Creo que queda claro, poco hay que añadir, quizás que también conforme pasan los años me gustan más los árboles. Me gustan sobre todo los árboles crecidos y no por grandes sino por añosos. Los que ahora ya son veteranos son los únicos árboles antiguos que voy a conocer pues ya  no queda tiempo para que otros crezcan y envejezcan. Por eso me enferma que arda un árbol o que lo corten o que lo maten. Cuando en mis paseos de primera hora por el campo veo a un lado del camino brotes de pino o de encina o veo cualquier cría de cualquier otro árbol, se derraman unas gotas de melancolía: crecerán y, seguramente, se harán grandes pero ni mis perros ni yo los veremos así. Esta concepción de los árboles como tesoro no renovable desde el punto de vista del tiempo, es lo que me ha hecho adquirir la costumbre de pintar árboles.

El primer sol de la mañana




Chopo sin hojas
Chopo brotando al principio de la primavera






 

 

1 comentario:

  1. Qué bonito, es como una poesía pero contada. En este mes del año, mayo, es cuando más vivía de noche, hasta el amanecer (y el unico mes que pegaba golpe, estudiando los exámenes de la carrera). Con el paso de los años lo recuerdo con gusto...

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