martes, 29 de marzo de 2011

Tetuán



Puerta de la Medina de Tetuán. Cera y óleo sobre cartulina. 65x51. 1993
Texto en el original: "Vista de una puerta de la Medina de Tetuán con un gran angular. Diciembre, mediodía y llueve"



En diciembre de 1992 fuimos por primera vez a Tetuán a ver a Juan F. Ochoa. A raíz de aquella visita, empecé a buscar y leer todo lo que encontraba sobre Marruecos, el Protectorado y las guerras consecuentes. Y por supuesto, toda clase de literatura sobre el tema: Desde "Diario de un Testigo de la Guerra de África"  a la "Forja de un Rebelde". También alguna que otra extravagancia como "Papeles de la Guerra de Marruecos" del Sr. Franco y alguna rareza, como "Geografía de Marruecos y posesiones españolas de África" de 1920. Este. libro de texto en la Academia de Infantería de Toledo, lo compré usado por dos hermanos de apellido Pavía ¿parientes del General? que pusieron en él sus firmas, su compañía y sección, y le añadieron subrayados, notas, etc. ¿Moriría alguno de ellos en alguno de los lugares que estudiaron en el libro?

El caso es que fuí yo quien setenta años después casi se queda para siempre  en la capital del Protectorado. Y no por culpa del disparo de algún cabileño, seguidor de Abdelkrim o esbirro del Raisuni, sino por culpa de una tortilla de patatas y  de una instalación chapucera y suicida que hizo Juan en la hornilla de gas de la cocina. Con razón la asistenta le sisaba el aceite de oliva: se jugaba la vida a diario!!!

La vista en cuestión procede del paseo que dimos el sábado por la mañana de aquel fin de semana. La compuse utilizando un par de fotos convenientemente recicladas y recreadas por mis propios recuerdos. En esos recuerdos dominaba la luz invernal y el cielo cerrado y oscuro encima de casas blanquísimas. Creo que fue de lo último que hice con cera y óleo. Por cambios radicales en mi vida no volví a pintar nada o casi nada hasta el 2001.

domingo, 27 de marzo de 2011

Sierra de Quesada en invierno


Sierra de Quesada en invierno. Oleo y acrílico sobre lienzo. 61x46. 2009

La tarde de nochebuena de 2008, recién llegado de Granada me subí a la azotea con la cámara. Aunque con tanta construcción cada vez se ve menos paisaje aun se podía, puede, disfrutar de buenas vistas. Hacía una tarde casi "como las de antes": olor a lumbre y a humedad fría y una luz mortecina que acentuaba todos los matices invernales. Aprovechando el zoom de la cámara y como me gustaban los colores y la tarde, hice unas cuantas fotografías, casi buscando ya con el encuadre la composición definitiva. En este caso salió casi tal cual. Sin necesidad de borradores previos, pintando directamente en el lienzo con la fotografía delante.





Desde el objetivo de la cámara me llamó la atención la silueta de los pinos sobre el fondo blanco. Son los pinos de las zonas altas de la sierra. Creo que  de la especie salgareño o negral ("Pinus Nigra"). En los rincones apartados donde están los más viejos, tienen formas espectaculares con troncos grandes y rectos y ramas que tienden a la horizontalidad. Como digo, desde el objetivo de la cámara se veían perfectamente destacando sobre el fondo de nieve. Llevé su recuerdo a la composición para que al igual que aquella tarde de nochebuena mandaran los pinos y la nieve. Sólo falta el humo de las lumbres.

sábado, 26 de marzo de 2011

Cera

 

Sierra de Quesada (izda. y dcha.) Oleo y cera sobre papel. 32x49. (ambos) 1990.

En otra ocasión he contado como al principio los fondos los llenaba con oleo muy diluido, líquido. Esto no era por ninguna técnica ni cosa de esas sino por gastar poco. En un momento dado esos fondos los llené con cera. Manchaba el papel con barras de cera, unas veces con la punta otras con la barra plana. Luego con el pincel y aguarrás  diluía directamente sobre la cartulina creando fondos, texturas y alguna forma. Tenía un aspecto parecido al pastel que me gustaba mucho, etéreo y suave. Luego, como antes, terminaba los detalles y los perfiles con óleo ya sin diluir, mas costeaico.

No recuerdo porqué se me ocurrió hacer esto aunque el cuando fue a finales de los años ochenta. Siempre cuento que a pesar de ser de letras, en COU estudié biología y que allí aprendí que las ceras son parientes de las grasas y de ahí deduje que los pigmentos de las pinturas a la cera y al óleo serían compatibles. No se si esto fue así o es una explicación posteriormente inventada. Pero bueno, los mentirosos terminamos creyéndonos nuestras propias mentiras.

El ejemplo que traigo no es el primero que hice pero resulta explicativo. Son dos vistas paralelas de la sierra de Quesada desde la torreta de la casa de mis abuelos. Las feché 86-90 porque me basé en un par de dibujos de lápiz que garabatee en un par de folios y de los que posteriormente hice esta versión. Versión que situé en otoño, con los chopos salpicando de oro el paisaje. Y con muy pocos detalles, para que sólo quedara la idea del paisaje. Mejor dicho, el recuerdo ideal del paisaje.

Este invierno he vuelto a versionar el mismo recuerdo. Por pura nostalgia y por pura añoranza de la juventud, porque ya no existe ni la torreta ni las chimeneas ni casi tejados creo y el paisaje se ha saturado de cortijos, cortijillos, piscialbercas y otras construcciones.

jueves, 24 de marzo de 2011

Tejas

Tejas. 2001. Oleo sobre lienzo. 60x46

Mi casa en Ancha de la Virgen era un tercero. La mayoría de las casas del barrio eran, son, de dos plantas. Quedaba por tanto la mía por encima de las vecinas. Y se veía desde los  balcones un paisaje  de tejados, miradores, antenas de televisión, antiguos postes abandonados de tendido eléctrico y telefónico... Los plátanos del Campillo y el torreón de Bibatuabín cerraban el horizonte. Como corresponde al barrio, todo se veía un poco viejo y decadente. 

Y en los tejados y en todos los rincones, muchas palomas y algún gato. Era muy entretenido verlas palomas pelearse, aparearse, poner huevos en los canalones. Estaba uno en su balcón, en una de esas tardes achicharrantes de verano, al poco de irse el sol,  espiando y observando a las palomas como si uno  fuera uno de esos que hacen reportajes de vida salvaje para la segunda cadena. Lo mismo o muy parecido, pero en casa de uno con cerveza fresquita y sin leones.


Pongo aquí una foto que hice la madrugada de un día de diciembre de 2004, preparándome para ir a trabajar mientras fuera caía aguanieve. Tejas, antenas, viejos tendidos... Lo que decía antes.



Para la pintura de hoy partí de la foto de un tejado, Ancha de la Virgen esquina San Jacinto. Sobre esa misma hice luego alguna prueba de color: Posteriormente hice  un primer boceto en Paint. A la mitad del trabajo una foto digital del estado de la pintura que volvía a retocar  para probar colores. Me doy cuenta que esto que yo hacía era de una gran modernidad o modernura. Lástima que nadie más que yo sabe que ya lo hacía allá por el año 2001. Y como no lo patenté...







El Talgo de Granada en Chamartín


El Talgo de Granada en Chamartín. 2002. Oleo sobre lienzo. 55x46

Desde el 2000 al 2006 pasábamos más o menos un fin de semana en Madrid y otro en Granada. La vuelta el domingo por la tarde en autobús era un coñazo. Sobre todo para mí que como es norma me meaba continuamente y tenía que aguantarme y esperar a la parada en  Almuradiel. Algunas veces llegaba para reventar.  Por eso, de cuando en cuando me volvía en el tren. Aunque tardaba seis horas y media tenía dos ventajas: la fila de asientos individuales permitía ir en ventanilla sin el agobio de que alguien fuera a tu lado, se durmiera y lo aplastara a uno. La segunda ventaja era que tenía servicio y podía mear cuanto y cuando quisiera. Aprovechaba además el viaje para leer (en el tren leí por ej. la biografía de Chavela Vargas) y cuando al cabo de las horas el culo ya dolía, me levantaba a echar una cerveza (o dos) en la cafetería y de  tapa una lata individual de aceitunas rellenas. Hasta que Continental puso el autobús VIP con servicio, con catering y sin paradas (sólo cinco horas menos cuarto) el tren fue la mejor combinación. La más cómoda.

Dada mi concepción germánica (sin germanofilia) de la puntualidad, llegaba a la estación media hora antes que aprovechaba fumando ducados sin parar y paseando, el andén arriba, el andén abajo, para compensar la inmediata sentada de horas.

Por aquel entonces empezaba yo a utilizar el pc para hacer dibujos, bocetos y así. Utilizaba Paint y el ratón, que con el pulso que tengo no es cosa de poco mérito. Conservo algunos borradores probando colores, fondos, etc.






miércoles, 23 de marzo de 2011

Los orígenes

Por aquellos años en que andaba por la Facultad estudiando Historia Medieval, empecé a pergeñar las primeras cosas. Muy simples, a veces imitando las pinturas románicas que veía en clase de historia del arte. Este estilo venía muy bien a alguien que no sabe dibujar, como yo. Nunca fue más que una especie de expresión personal, sin ninguna o con poca ambición, con poco interés por la técnica, sólo por el gusto y la sensación personal...Tampoco nadie le hacía gran caso a mis cosas. Terminé por no enseñar nada o casi nada. Pero seguía haciéndolas. Algo creo que conservo de aquello. Era óleo sobre papel y como solía dejar vacíos los fondos de cartulina blanca, hoy están las pinturas aquellas con bordes pringosos manchados de aceite.

Poco a poco fui dejando las aceitosidades y empecé a llenar más los fondos, con oleo diluido en trementina. A veces añadía frases explicativas escritas con bolígrafo.



"Puesta de sol en el jardín y pararrayos del Ayuntamiento visto desde la cama. Quesada 18-8-80"


"El Peñalara desde la carretera de Torrecaballeros a la Granja visto desde el Retiro. Hay nieve lo que pasa es que no se nota mucho. Observese la fábrica, que me parece que es la del DYC. 13 de junio del 80"


"Ayuntamiento viejo de Quesada" 1983