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Nuevo otoño con
Mulhacén. Photoshop. 92x65. 2011 |
El
Mulhacén en otoño, sobresaliendo al chopo de la alberca
Se
ha hecho de rogar pero por fin ha llegado el otoño nuevo, el de este año. Al
otoño le da miedo el calor y la sequía y hasta que no se ha cerrado el verano
de un portazo y no ha empezado a llover, ha estado escondido al otro lado del
mar, esperando su momento.
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Calle Mulhacén |
Desde
agosto estuve pendiente de su llegada, noche tras noche. Lo esperaba en la
terraza de un bar de la calle Mulhacén, entreteniendo la ansiedad de la espera
con una caña que va y con otras que también vienen. En agosto las hojas también
se caen pero no por muerte natural, se caen asfixiadas, empapadas en sudor,
jadeando y muertas de sed ¿cuando acabarán estas noches y estos bochornos?
Tengo
la suerte de poder esperar al otoño aquí sentado, bebiendo, comiendo, comentando
y a veces pontificando, mirando de reojo calle abajo por si apareciera. Ya tiene
que llegar ¿porqué tarda tanto este año?
Volviendo
a Granada un domingo en el coche y todavía con el aire acondicionado puesto, me
di cuenta de que la luz de las tarde de otoño, porque ya era su tiempo, intentaba
asomarse por las choperas. Pero al oler el olor a paja y a hierba seca, el olor
de tarde de agosto (aunque fuera octubre en su final), la luz de las tarde de otoño se asustaba y corría a esconderse en la cuneta al otro lado de la
carretera, corría cerro arriba desesperada buscando refugio en las riscas de
las cumbres desde las que a veces se ve el mar.
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Ya pasado el otoño, el Mulhacén y Sierra Nevada desde la alberca del cortijo de Lacra |
Hace
semanas que no es verano pero que sigue abierta la terraza del bar de la calle
Mulhacén. El poco aire que corre es caliente y áspero. Por las tardes a su hora
ya es de noche, como debe ser, pero todavía nadie ha visto al otoño nuevo.
Empecé
a pensar el dibujo digital de hoy en aquellas tardes bochornosas del final del verano, buscando con la imaginación alivio a
los calores. Lo pensé tirando de fotografías y de recuerdos, añorando los
mosaicos cubistas de hojas secas a los pies del chopo de la alberca. Recuperando
del trastero de la memoria el frío y la humedad del atardecer. Echando mano de
las ciento cincuenta, o más, fotografías que debo llevar hechas de la silueta
del Mulhacén en el horizonte rojo de Lacra, al atardecer, cuando ya se
va el año. Eran tantos los registros, digitales y de recuerdo, almacenados que no hacía falta que llegara el
nuevo otoño para que pudiera sentirlo y pudiera pintarlo. Y así lo hice.
Pero
de repente, cuando ya no lo esperábamos, los árboles ardieron en amarillos y
dorados por orden de especie, de altitud y de umbría. Día a día las granadas se hicieron más dulces
y se juntaron con las primeras naranjas. Crecieron las noches ocupando casi todo el
tiempo de las tardes y llovió, el aire se volvió azul y la tierra parda, húmeda
y verde. Llegó el nuevo otoño de siempre. Para entonces ya tenía acabado el dibujo y no le había tenido que pedir a él nada. Tenía preparadas hasta las fotos de
acompañamiento y explicación visual. Por oficio y años pude sacar todo adelante,
yo solo. Y mejor así porque cada vez, año, fin de verano, desconfío más del otoño de siempre, soporto menos
sus caprichos de viejo: se presenta cuando quiere y cuando le da, casi antes de
empezar, acaba.
La luz de las velas en una tarde de noviembre o diciembre |
La
foto de las velas y de la copa es hija de las tardes y las largas noches del
otoño avanzado, experimento de interior con el color del fuego, con el vino y con luz de los cristales.
La
foto de la fuente de la ninfa escondida detrás de las hojas y la de las hojas
de plátano en el suelo del paseo de la
Bomba , las hice la otra mañana, son de este otoño (lo único
que es de este otoño). El día anterior había llovido.
Contrafuerte de la alberca y hojas del chopo en el suelo |
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Rama del chopo de la alberca |
Fuente de la Ninfa |
Mosaico de hojas de plátano |
Otoño en la terraza del bar de la calle Mulhacén I |
Otoño en la terraza del bar de la calle Mulhacén II |