lunes, 6 de junio de 2011

El otoño en el chopo de la alberca

El otoño en el chopo de la alberca. Acrílico y óleo. 65x50. 2011



Otoño en el chopo de la alberca tres punto cero. Paint y Photoshop. 65x50.2012


El chopo de la alberca de Lacra


Hoja del chopo de la alberca



El otoño en el chopo de la alberca llega tarde, bien entrado noviembre. Llega tarde y se junta con el invierno de manera que no es raro que las hojas muertas caigan encima de las primeras nieves. Pero lo frecuente es que caigan unas sobre otras en el rincón del jardincillo debajo del chopo.  En la humedad de la umbría las hojas se amontonan y se van deshaciendo. El  chopo viejo lo podaron a media altura porque cada vez tenía más ramas secas que se empezaban a desmoronar. Aunque no ha vuelto a ser lo que fue rejuveneció y sigue siendo el que manda en su rincón. Todavía sobresale a cualquier vecino. 

Hojas en la nieve



Otras hojas caen dentro de la alberca y se amontonan flotando. Según que haya mucha o poca, el agua refleja el cielo o refleja el fondo verdoso. En cualquiera de esos dos reflejos nadan las hojas que no encontraron el camino de tierra firme: renegridas las que murieron hace mucho, rojas y ocres las siguientes, amarillas y naranjas las recién caídas, algunas verdes, de un verde suave y apagado que desentona del resto de las náufragas.  

El otoño de las aceitunas es morado brillante, azul casi negro, granate profundo. Los vientos de octubre han tirado algunas que manchan los suelos entremezclándose con piedras, hierbas  y algunos musgos alimentados por los rocíos y las escarchas. El otoño  llega con el humo de las lumbres de las primeras cuadrillas trabajando en los olivares.  

Hojas en la alberca
El chopo viejo asomándose a la alberca













Aceitunas acabando noviembre
Desde la alberca, por debajo del chopo viejo se ve Larva. Se ven olivares que bajan hasta el Guadiana Menor, retorcido en lo hondo de su llano, protegido por paredones rojizos y oxidados, por ramblas de sal, por barrancos pardos, verdosos. Algunas nubes se enredan en Sierra Mágina mientras los aviones no paran de pintar rayas de tiza en el cielo. Es grande el horizonte, muy grande. Pero lo es más el chopo viejo. A pesar de estar cortado, manco, mutilado. Y no es casualidad que entre sus ramas y sus brillos dorados de otoño haga un hueco al Mulhacén y a las nieves, a los picos y  laderas de su corte. Son dos vértices de primer orden de la red geodésica vital. De la mía.

El Mulhacén desde la alberca de Lacra

Nota aclaratoria final: Esta cosa empezó en la fecha que tiene. Pero se fue prolongando con sucesivas versiones, tal como se ve por la última, que es de este año 2012.

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