lunes, 4 de julio de 2016

La Contraviesa entre la sierra y el mar

La Contraviesa entre la sierra y el mar. Digital. 2016


Es la Contraviesa tierra de cortijos y cortijadas, apenas hay pueblos y aldeas como es frecuente en la otra parte de la Alpujarra y los pocos que hay escapan de las alturas y se esconden en los valles y a resguardo de la costa.

Es la Contraviesa tierra de almendros y viñas, de bastantes higueras. Antes lo fue de encinas y de monte que hoy poco queda y se refugia junto al lecho de las barranqueras dibujando surcos que bajan por las laderas.

Es la Contraviesa tierra áspera, seca y fría, entre el mar y la sierra que ambos, desde sus alturas, se pueden ver a la vez con nada más que girar la cabeza. Tierra  melancólicamente dramática en la que perfectamente  pudo suceder Bodas de Sangre.

La Contraviesa

Almendros 


Pedro Antonio de Alarcón en su viaje a la Alpujarra, al llegar al cerro Chaparro que domina toda la comarca o mejor subcomarca, dice lo que vio y que fue esto:

“Pero he exagerado un poco al decir que se veía toda la costa, cuando precisamente lo que había allí de más notable era: -que se divisaba una gran extensión del líquido elemento, sin descubrirse por eso sus playas.

Más claro: los oteros australes de la Contraviesa se destacaban sobre la bóveda del mar, -en vez de destacarse, como los otros montes, sobre la bóveda del cielo.

Y digo la bóveda del mar-, porque desde aquella suma eminencia (¡oh maravilla!) veíamos el Mediterráneo..., no debajo de nosotros como una llanura, sino colgado del firmamento como un telón; no tendido en semicírculo horizontal, como resulta cuando se le mira desde sus riberas, sino levantando un enorme arco, o más bien un enorme disco, sobre la línea del horizonte, cual si fuese una inconmensurable sierra de agua.

Nunca había reparado yo hasta entonces en aquel sorprendente efecto de óptica, -que, si no me engaño, se debe, entre otras causas, a la redondez (tantos siglos desconocida) del planeta en que escribo estos renglones...

Por cierto que detrás de aquel arco o mitad de disco, o sea por encima de él, se percibían vagamente, a pesar de esa redondez de la tierra, algunas cumbres del gigantesco Atlas, rey de los montes africanos...- ¡Tan elevadas se hallan sobre el nivel del mar!...”

“Mapa de piedra y agua” le llamó a este capítulo de su viaje “¿qué otra cosa era el revuelto océano de montes que dominábamos desde allí, sino los tejados y azoteas de la Alpujarra, debajo de los cuales estaban sus valles, alias sus plazas; sus ramblas, alias sus calles; sus barrancos, alias sus callejones, y sus pueblos, alias sus gentes?"

El mar encima de la Contraviesa
Mas allá del mar de Alborán, África, el Moro, la Berbería

 Pero no es la cosa de ver el mar por encima de nuestras cabezas la única notable que puede vivirse en la Contraviesa. Se da también el caso curioso de que algunos inviernos nieve en mitad de un día despejado. Se explica el fenómeno por los fuertes vientos que arrancan la nieve de las cercanas cumbres de Sierra Nevada y la arrastran por el aire a grandes distancias. Es tanta la altura a la que viaja y el frío de la estación,  que no se derrite en el viaje. Pero tampoco es  menos peculiar la circunstancia de que al pronto se vean barcos, enormes petroleros y portacontenedores, viajando majestuosamente por entre los almendros. Es por aquello que decía Pedro Antonio de la curvatura de la tierra de manera que los barcos en muy alta mar se ven no debajo sino en la parte superior del horizonte, justo donde se recortan las siluetas de los árboles aquí arriba a 1.500 metros.

En fin, una tierra difícil pero de tremenda y rara personalidad. Fue y aún lo es, zona aislada que sólo está cerca del mar y del cielo, muy expuesta a los peligros que de allí llegan y que no son sino guerras de religión y piratas. Lo decía Luis del Mármol Carvajal trescientos años antes que Pedro Antonio, en su “Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”:

“Los Ceheles son dos taas que están juntas en la costa de la mar; la que cae a poniente llaman Zueyhel, nombre diminutivo, porque es más pequeña que la otra. y a entrambas taas las baña al mediodía el mar Mediterráneo, y a la parte del cierzo confina con la taa de Ferreira, con la de Juviles y con parte de la de Ugíjar.

Esta tierra es de grandes encinares y de mucha yerba para los ganados; cógese en ella cantidad de pan. Lo que cae hacia la costa de la mar, es muy despoblado, y por eso es muy peligroso, porque acuden de ordinario por allí   muchos bajeles de cosarios turcos y moros de Berbería.”

Imgen aérea de la Contraviesa

Con todo lo dicho ya se ve lo que se representa en la ilustración digital de esta entrada: Las cumbres de Sierra Nevada con la nieve, por delante los borreguiles mas altos y los barrancos mas altos con sus robledales y quejigales, aquí en otoño. Detrás apenas se distingue un poco de la Alpujarra Alta y se intuye por donde pasa el Guadalfeo. Luego todo es Contraviesa, con sus viñas, sus almendros, higueras y cortijadas. A un lado la sierra de Lújar y sus antenas, al otro el Cerrajón de Murtas con las suyas. Por aquella esquina los invernaderos de Castell de Ferro y los molinos de electricidad sobre Motril. De fondo el mar, Mar de Alborán, con los barcos que van y vienen del Estrecho. Bajo el cielo la costa vecina: Africa, Marruecos, el Moro, la Berbería que de todas estas formas se le llama.

Es la Contraviesa por todos estos y por otros muchos motivos, tierra peculiar y rara. Vive casi al margen del tiempo, al margen de los excesos playeros y tambien del moderno parque temático que han construido en partes de  la Alpujarra alta. No se si es bueno o malo pero es así.

Los barcos vuelan por encima de las sierras



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